sábado, 24 de julio de 2010

Consejos de expertos para la escritura de relatos


Algunos relatos consiguen dejar una impresión persistente en los lectores mucho después de haber cerrado el libro. Otros dejan a los lectores con la sensación de que se han perdido algo. Pero ¿Cómo conseguir el equilibrio entre escribir un relato efectivo y memorable y crear una prosa sin motivos?
Para que tus relatos sean más efectivos, intenta mantener estos pasos en tu mente:

Tema
Establece SIEMPRE un tema claro antes de escribir. ¿De qué trata la historia? Esto no es la línea argumental, la secuencia de acontecimientos ni las acciones de los personajes sino el mensaje subyacente que quieres dejar claro más allá de las palabras. Defínelo bien con una sola frase. Ten claro el tema y la historia tendrá más resonancia en las mentes de tus lectores. También hará que no te apartes de él con digresiones que dispersen la atención.

Instantánea
Un relato efectivo cubre una historia en muy poco tiempo. Piensa en él como una instantánea de un momento particular en la vida de la historia. Claro que el personaje tiene una historia y posiblemente tendrá consecuencias a la hora de afrontar el desenlace. Pero para este relato sólo importa la explicación del acontecimiento. Y esta explicación debería ser la ilustración del tema subyacente en tu historia.

¡Bang!
Empieza tu historia con un conflicto. Lanza a tu héroe al meollo del relato. Empieza con acción. Atrapa al lector en la historia empezando en mitad de algo importante. Olvídate del escenario, del malo que puso a tu héroe en el conflicto, o de la razón por la que tu protagonista tiene los pies colgando por encima del acantilado. Habrá tiempo para comentar estos detalles durante la historia. Concéntrate en forzar a tus lectores a preguntarse cómo ha llegado a esta situación. Un lector que se pregunta, es un lector que continuará leyendo hasta llegar al final.

Personajes
No cargues tu relato con demasiados personajes. Cada nuevo personaje que introduzcas traerá una nueva dimensión a la historia pero también puede añadir una longitud innecesaria. Demasiadas dimensiones (o direcciones) dispersan el tema. Utiliza únicamente los personajes suficientes para ilustrar el tema.

Descripción
El espacio suele estar muy limitado en los relatos. Cada palabra es importante. Corrige tu borrador cuidadosamente y quita cualquier palabra o frase que no incida en la historia o en su acción. QUITA TODO LO QUE SOBRA. Intenta encontrar maneras más compactas de decir lo que quieres decir. Bucea en el diccionario para encontrar las palabras que transmitan lo que realmente quieres decir. Encontrar una simple palabra con fuerza puede ser mucho más efectivo que un párrafo entero.

Foco
Las mejores historias son las que enfocan un tema concreto. La historia, los detalles externos, los entornos, los otros personajes, todos son detalles ajenos que deben caer en el olvido mientras te centras en el tema principal de la historia. La digresión puede ser tentadora pero cuanto más concentres el foco de la historia, más se lanzará el lector hacia el acontecimiento que has creado.

Tergiversa
Sorprende a tus lectores. Añade una pequeña vuelta al final de tu historia que les deje preguntándose sobre el protagonista una vez la historia acabe. Evita los finales predecibles, por muy finales-sorpresa que los creas, y haz que los editores recuerden tu estilo.
Desenlace
Estos dos últimos apartados van unidos. En el desenlace: no dejes a tus lectores en la oscuridad al final de la historia. Asegúrate de que la conclusión es satisfactoria pero no demasiado predecible. Los lectores necesitan finalizar la lectura con un sentimiento de resonancia, de eco, de que saben lo que le sucederá al personaje una vez escribas tu última palabra. Deja un imperdurable eco del mismo.
Si puedes incorporar estas técnicas en una historia compacta y centrada, puede que hayas creado un relato memorable que persista en la mente de tu editor y tus lectores mucho tiempo después de haber acabado la lectura.

16 consejos Borgeanos

En literatura es preciso evitar:
1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.
2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.
8. La enumeración caótica.
9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
10. El antropomorfismo.
11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.
12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.

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